Acabo de vacunarme contra la covid-19 y mis amigos me piden que cuente en esta columna mi experiencia. Acabo de hacerlo en la pequeña y bella ciudad de Saquarema, en la región de los Lagos. Es la suerte de vivir en una pequeña ciudad del interior donde aún existe humanidad y la gente se saluda en la calle. La organización de la vacunación fue perfecta al lado de la preciosa laguna. Esperé solo cinco minutos y las enfermeras fueron unos ángeles.
