Para un nuevo contrato social

Llevo un tiempo pensando que necesitamos un nuevo contrato social, y que esta vez debe girar alrededor de la información. Muchos comienzan a enterarse ahora del daño profundo que las redes sociales han causado en nuestras sociedades democráticas, a pesar de que todos los días se publican artículos y se lanzan documentales sobre los excesos de Facebook y de Twitter, sobre los estropicios de Cambridge Analytica, sobre la indolencia o la complicidad o la connivencia de los Zuckerberg y los Musk: esos curiosos individuos que navegan entre el autismo, el infantilismo y la sociopatía, y a los cuales hemos entregado (voluntariamente: eso es parte del escándalo) todas las herramientas necesarias para enriquecerse a costa de la estabilidad misma de nuestra sociedades. Sí: muchos ciudadanos se han enterado de que llevan años siendo manipulados, y sus odios azuzados y sus inseguridades explotadas, por esos mecanismos opacos e incomprensibles para la mayoría. Pero las redes sociales no han cambiado su modelo de negocio. ¿Para qué iban a hacerlo, si los usuarios siguen ahí?

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